miércoles, 22 de marzo de 2006
Un libro más: Contranatura de Álvaro Pombo
. Pero así las cosas, como decía Vargas Llosa (creo que era él), esta situación de lectura asegura como pocas la continuidad de lo leido. Él, Vargas Llosa o quién fuera, aseveraba que era el modo en el que había conseguido leer la obra completa de Dostoievsky
, yo he conseguido gracias a ello el espeso Evangelio según Jesucristo, del inefable José Saramago, y otros muchos que pudieran parecer infumables a la primera :], no es el caso, hasta la página 300 y al algo, del libro de Pombo.
Vamos al lío. EL libro trata sobre las relaciones humanas, su dificultad y lo intrincadas que pueden llegar a ser; sobre el amor; sobre la profundidad y la superficialidad (a decir del propio Pombo en el epílogo, que podía haberse ahorrado, ya os contaré) y sobre la homosexualidad... o todo ello a través de la homosexualidad, o bueno, no sé, visto desde una perspectiva homosexual omnipresente. A priori, los más machotes, pequeños homófobos silenciosos y encubiertos que no lo parecen pero se echan las manos a la cabeza si ven a dos hombres besarse (no harán lo mismno ante dos chicas que hacen lo mismo
), sentirán repugnancia cuando sepan que en el libro se describen muchas escenas de sexo entre hombres, escenas bastante explícitas e incluso brutales
. Si ver a dos chicos besarse te hace mirar a otro lado con desagrado, este no es tu libro.
Sin embargo, más allá de estas escenas de sexualidad perversa, perversa no por la homosexualidad sino por lo que de pernicioso para la salud mental y emocional de muchas de esas historias, laten corazones de distintos personajes a los que Pombo, con gran maestría, va desnudando y revelando en pequeñas dosis ante nuestros ojos que buscan ansiosos entre las líneas respuestas que nos pernmitan situar dentro de los márgenes de lo comprensible las conductas, situaciones, emociones... todo cuanto en esta novela sucede.
El gran problema es que la historia, a mi gusto, evoluciona demasiado lenta y a mediados de libro empieza a resultar demasiado cansina, el último cuarto de vuelta, sin embargo, remonta el vuelo y cambia todo de dirección hasta un final casi adivinado desde el principio. Todo en su sitio y cierta tranquilidad porque, al final, todo sale medianamente bien. Aunque, tengo una curiosidad que si el estimado Pombo lee esto quizá pueda resolver: ¿qué es finalmente de Juanjo Garnacho? Mi teoría es que es un personaje que da mucho juego y que podría retomarse en otra historia dedicado a él y a sus pasiones desbocadas, ¿qué será de él, Álvarito? Podría decirse que es el "malo maloso" de la novela, junto a Salazar que es "little evil", pero un malo en toda regla, un malo que se explica, un malo que en realidad no lo es, un malo más allá del bien y del mal. En Contranatura no hay buenos ni malos, solo personas que viven como buenamente pueden en los mundos que les han ido tocando vivir y que se adaptan a las situaciones que se les presentan como pueden, saben o sienten en función de lo que alguna vez han podido, sabido o sentido. ¡Brillante, Álvaro! ¡Me encanta el tratamiento de los personajes! Se salen de la novela
.
Me podría meter a contaros entresijos y destripar la lectura, pero no lo voy a hacer. Desde la novela hay una serie de alegatos y declaraciones de principios en torno al tema de la homosexualidad en el pasado, en el presente y en el futuro, que dejaré que descubran los lectores. En mi caso he de decir que la postura de Pombo me parece lógica, madura, razonable y lejana a los histerismos y los aspavientos a los que estamos sometidos muy a diario en estos temas. Si alguien quiere profundizar en el tema, la novela está ahí para leerla. Incita a la reflexión y la discusión y, no temaís los más reacios, que no os va a pasar nada por leerla, no os convertireis en gays ni nada de eso, pero os podeis enterar de muchas cosas sobre la sensibilidad de quienes sí lo son. En pocas palabras, soberbia.
Lo malo, ya lo esbocé, es que se hace un poco pesada y que el epílogo, breve eso sí, a mi gusto le sobra. El epílogo no añade más a la novela que una explicación (casi una justificación del autor) de determinados aspectos que el lector atento ya ha identificado a lo largo de la lectura y que el despistado quiza no merezca que le expliquen. Pero tampoco es para rasgarse las vestiduras, a fin de cuentas el epílogo no llega a diez páginas.
En resumen, una novela muy recomendable que a muchos les puede ayudar a dejar atrás los diez mil tabues culturales que entorno a la homosexualidad existen. Una novela que, como las buenas novelas, nos ayuda a comprender nuestro entorno cotidiano y a las personas que lo habitan. ¡Olé tus huevos, Pombo, te has salido del pellejo!



