Siendo Quijote en el siglo XXI

lunes, 25 de abril de 2005

Proyecto Quijote: PRIMERA PARTE, CAPITULO I

Esta es sin duda la frase más famosa de la historia de la literatura: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme... Así empieza el Quijote, el pistoletazo de salida para un libro inolvidable y que nos va a tener ocupados un tiempecillo. Os aseguro que al final habrá merecido la pena.

En este primer capítulo conocemos al hidalgo Quijada o Quesada u otros nombres, que ninguno nos dan por cierto, y como, merced a su pasión por los libros de caballerías, se le seca el cerebro y transforma toda su realidad y entorno para adaptarlos a lo que ha leido en sus libros.

La transformación del entorno es máximamente nominativa, cambia el nombre de todo por nuevas formas más rimbombantes. Así Rocinante, Dulcinea del Toboso y el suyo propio, don Quijote de la Mancha. El caballero quiere vivir las aventuras que le fascinan, está cansado de que sean otros los que se lo pasan bien, quiere participar. Poco le importa que el mundo que le rodea no está preparado para asumir sus desvaríos, mejor vivir como un loco que hace lo que quiere, que ser uno más en el rebaño y estar frustrado. Esa es la grandeza de don Quijote y, lo más importante, la explicación de su cordura. ¿Quién está más loco? ¿El hombre que se hace libre o el que se reprime y se frustra voluntariamente para no parecer loco?

La aparición de Dulcinea nos recuerda el adagio de Jacques Lacán sobre el amor: el amor es darle lo que no se tiene a quién no es. Críptico, al estilo habitual del psicoanalista francés, pero claro como el agua. Dulcinea del Toboso es la metáfora perfecta del amor que describe Lacán varios siglos más tarde.

Por supuesto, en este capítulo vemos como don Quijote prepara sus armas y corazas, y como arregla la celada... en fin los preparativos a lo que se le viene encima.

ANTERIOR

SIGUIENTE

Comentarios

Añadir un comentario