jueves, 03 de febrero de 2005
De libros
A penas he hablado de libros. Mucha música, mucho heavy, pero el mundo y este blog no son solo eso (por suerte). Hoy voy a decir unas palabras sobre esos objetos oblongos y maravillosos, algunos de ellos fantásticos, otros odiosos, pues, como buen Quijote, mi cerebro está sometido a ellos. Tuve una novia hace muchos años que decía que si seguía leyendo tanto se me secaría el cerebro como a nuestro adorado caballero (y pensar que ella se preparaba para ser filóloga e incluso sacaba unas notas excelentes
). Bueno, no sé si se me ha secado o se ha esponjado y le han salido nuevas ramas, a mí la lectura me ha dado momentos, ideas, perspectivas, saberes, emociones... cada libro un mundo, cada mundo una infinidad de posibilidades.
Leer siempre es algo fabuloso cuando se ha elegido un buen libro. Pero un buen libro no es un valor absoluto. Un libro sólo es bueno cuando la combinación lector-momento-libro es la apropiada. Leí en su momento a Kafka, La metamorfosis, y como yo estaba cambiando, un adolescente que escuchaba más metal extremo de la cuenta, me enganché con él. Ese era el libro que más me gustaba, me veía como Gregorio Samsa, una cucaracha gigante, todo de negro... claro que se me pasó por que leí a Kundera, quizá era muy radical yo por aquel entonces y por eso tantas Ks. La insoportable levedad del ser abrió mi mente a nuevas perspectivas, me enseñó que nunca nada es lo mismo para personas distintas, que cada uno es cada. Leí más cosas durante un tiempo, siempre estoy leyendo, a veces varios libros a la vez, y al llegar a la Universidad me volvió a dar por Kafka, querido amigo Franz, leí sus diarios. Una costumbre atroz que a mí me espanta, muerto el hombre su privacidad desaparece. Pueden traicionar tus ideas y publicar obras que tú no hubieses publicado nunca sin ni tan siquiera respetar tus correcciones, cualquier lector de Kafka habrá podido comprobar que en todas las ediciones de su obra que se precien aparecen entre parentesis, con notas a pie de página o final de obra, o del modo que le haya parecido mejor al editor, los fragmentos tachados, negados, expulsados del conjunto, por el autor. Y pensar que eso se lo hizo un amigo. Otra interesante costumbre es publicar los epistolarios...
Hay que ser perverso.
Al volver la mirada a Kafka, me enfrenté con El proceso y me agobió al extremo al sentirme como una especie de trasunto de Joseph K en la vida que vivía donde los examenes eran mi juicio absurdo y sin sentido. Nunca me ha gustado que me evalúen aquellos a los que no tengo derecho a evaluar. Así que huí. Tal como suena. Me fui a Madrid a pegarme unos días de juerga y desintoxicarme. Volví como nuevo. En Madrid, además de emborracharme y todas las cosas que se hacen en estos casos, leí Arkham Asylum, una novela gráfica sobre Batman y el Joker, un psiquiátrico... recién la releí, está muy bien aunque no le daría más que un 6.5, y sin embargo no soy capaz de recordar a sus autores, un reputado guionista y un reputado ilustrador que había trabajado con Neil Gaiman. ¿Habeis leido a Gaiman?. Tanto su obra gráfica, sobre todo la serie The Sandman, como su obra más literaria en el sentido clásico, son ejemplos de una mente increiblemente lúcida al tiempo que siniestra, una cocktelera en continua ebullición de mitos y leyendas, un poeta... Y allí, entre sus cosas, me encuentro con Quince retratos de desespero y me pregunto por qué ningún grupo de música que yo sepa se ha basado en su obra para los textos de sus canciones.
Esto sí es interesante. Los heavies han explotado hasta el mal gusto a J.R.R. Tolkien y El señor de los anillos. La cosa empezó, que yo sepa, con Led Zeppelin. Hoy no voy a hablar de Tolkien ni de su famosa obra, pero si voy a ir dejando bien clarito que no me gusta en absoluto y que la única vez que he conseguido leerlo entero ha sido por decir aquí están mis cojones y yo esto me lo leo. Por supuesto también fue una tortura. Otro al que los músicos del metal, entre otros muchos, veneran es al inefable H.P. Lovecraft, maestro en el arte de reescribir una y otra vez el mismo relato y que aún así funcione y resulte "creible", por que lo cierto es que con algunas de sus obras me he quedado pensando ¿y por qué no?
Podría seguir hablando de libros, de cosas que he leido y demás durante horas. Centrándome en autores o libros concretos, o dejando vagar mi mente como acabo de hacer. ¡Hum! resulta divertido, lo seguiré haciendo. Mientras tanto, queridos Quijotes, leed tanto como podais, hasta que se os seque el cerebro, o hasta que demostremos de una vez por toda que lo que seca el cerebro es la TV.
). Bueno, no sé si se me ha secado o se ha esponjado y le han salido nuevas ramas, a mí la lectura me ha dado momentos, ideas, perspectivas, saberes, emociones... cada libro un mundo, cada mundo una infinidad de posibilidades.
Leer siempre es algo fabuloso cuando se ha elegido un buen libro. Pero un buen libro no es un valor absoluto. Un libro sólo es bueno cuando la combinación lector-momento-libro es la apropiada. Leí en su momento a Kafka, La metamorfosis, y como yo estaba cambiando, un adolescente que escuchaba más metal extremo de la cuenta, me enganché con él. Ese era el libro que más me gustaba, me veía como Gregorio Samsa, una cucaracha gigante, todo de negro... claro que se me pasó por que leí a Kundera, quizá era muy radical yo por aquel entonces y por eso tantas Ks. La insoportable levedad del ser abrió mi mente a nuevas perspectivas, me enseñó que nunca nada es lo mismo para personas distintas, que cada uno es cada. Leí más cosas durante un tiempo, siempre estoy leyendo, a veces varios libros a la vez, y al llegar a la Universidad me volvió a dar por Kafka, querido amigo Franz, leí sus diarios. Una costumbre atroz que a mí me espanta, muerto el hombre su privacidad desaparece. Pueden traicionar tus ideas y publicar obras que tú no hubieses publicado nunca sin ni tan siquiera respetar tus correcciones, cualquier lector de Kafka habrá podido comprobar que en todas las ediciones de su obra que se precien aparecen entre parentesis, con notas a pie de página o final de obra, o del modo que le haya parecido mejor al editor, los fragmentos tachados, negados, expulsados del conjunto, por el autor. Y pensar que eso se lo hizo un amigo. Otra interesante costumbre es publicar los epistolarios...
Hay que ser perverso.
Al volver la mirada a Kafka, me enfrenté con El proceso y me agobió al extremo al sentirme como una especie de trasunto de Joseph K en la vida que vivía donde los examenes eran mi juicio absurdo y sin sentido. Nunca me ha gustado que me evalúen aquellos a los que no tengo derecho a evaluar. Así que huí. Tal como suena. Me fui a Madrid a pegarme unos días de juerga y desintoxicarme. Volví como nuevo. En Madrid, además de emborracharme y todas las cosas que se hacen en estos casos, leí Arkham Asylum, una novela gráfica sobre Batman y el Joker, un psiquiátrico... recién la releí, está muy bien aunque no le daría más que un 6.5, y sin embargo no soy capaz de recordar a sus autores, un reputado guionista y un reputado ilustrador que había trabajado con Neil Gaiman. ¿Habeis leido a Gaiman?. Tanto su obra gráfica, sobre todo la serie The Sandman, como su obra más literaria en el sentido clásico, son ejemplos de una mente increiblemente lúcida al tiempo que siniestra, una cocktelera en continua ebullición de mitos y leyendas, un poeta... Y allí, entre sus cosas, me encuentro con Quince retratos de desespero y me pregunto por qué ningún grupo de música que yo sepa se ha basado en su obra para los textos de sus canciones.
Esto sí es interesante. Los heavies han explotado hasta el mal gusto a J.R.R. Tolkien y El señor de los anillos. La cosa empezó, que yo sepa, con Led Zeppelin. Hoy no voy a hablar de Tolkien ni de su famosa obra, pero si voy a ir dejando bien clarito que no me gusta en absoluto y que la única vez que he conseguido leerlo entero ha sido por decir aquí están mis cojones y yo esto me lo leo. Por supuesto también fue una tortura. Otro al que los músicos del metal, entre otros muchos, veneran es al inefable H.P. Lovecraft, maestro en el arte de reescribir una y otra vez el mismo relato y que aún así funcione y resulte "creible", por que lo cierto es que con algunas de sus obras me he quedado pensando ¿y por qué no?
Podría seguir hablando de libros, de cosas que he leido y demás durante horas. Centrándome en autores o libros concretos, o dejando vagar mi mente como acabo de hacer. ¡Hum! resulta divertido, lo seguiré haciendo. Mientras tanto, queridos Quijotes, leed tanto como podais, hasta que se os seque el cerebro, o hasta que demostremos de una vez por toda que lo que seca el cerebro es la TV.

